¿Cuándo buscar un psicólogo?

No hace mucho, la mayoría de la gente pensaba que el psicólogo era solo para los “locos”, para aquellos que tenían problemas de cabeza, no es causalidad que algunos lo llamaban “el loquero”.

En los últimos años la gente ha venido entendiendo que la buena salud mental y emocional es una necesidad de vital importancia, sin embargo, debemos cuidar para no caer en extremo opuesto, afirmar que todos deberían buscar ayuda psicológica ante cualquier complicación en la vida, aunque sean sencillas.

Yo soy la mayor interesada en que busquen ayuda psicológica, no me entiendan mal, pero es importante entender cuando eso es realmente necesario. No debemos menospreciar la terapia psicológica y tampoco superestimarla.

Antes de todo, quiero recordarles que nuestras emociones fueron afectadas por el pecado, así como todo lo demás, eso significa que ellas no funcionan exactamente como deberían funcionar, no como Dios las hizo para ser.

También quiero destacar que el ser humano no está dividido en áreas desconectadas, no, de hecho, somos una unidad, nuestro cuerpo físico afecta y es afectado por nuestras emociones, también por nuestros pensamientos y nuestra vida espiritual, todo está relacionado.

Es natural de la experiencia humana sentir tristeza y desánimo por ocasiones. La ansiedad frente a tiempos de incertidumbre también es normal. Debemos tener cuidado para no considerar algo normal como una enfermedad.

Entonces, ¿cómo saber cuándo buscar ayuda?

La lista a continuación nos puede ayudar a entender esto:

  1. Sentir un sufrimiento significativo;
  2. Experimentar cambios de humor repentino;
  3. No disfrutar de actividades que antes solías disfrutar;
  4. Tener pensamientos negativos de manera recurrente;
  5. Sentir que no logras avanzar;
  6. Pensamientos de muerte recurrentes o, incluso ideas de suicidio;
  7. Dificultad de concentración;
  8. Cambios en el apetito;
  9. Insomnio o somnolencia;
  10. Presentar síntomas que no tienen razón médica, como: Dolores de cabeza, taquicardia, dolor en el pecho, malestar estomacal, insomnio, sudoración. Respiración acelerada, fatiga, etc.

Si estos síntomas, se presentan de manera intensa y recurrente y te han causado problemas en el normal funcionamiento de tu día a día, como estudio, trabajo y relaciones sociales y personales, debes buscar ayuda.

Además de todo eso, me gustaría agregar algo más para que nos sirva de reflexión.

Casi todos estos síntomas listados están relacionados a nuestra esfera individual de sufrimiento, pero como cristianos, debemos ir más allá y recordar que somos llamados a vivir en comunidad. Cuando el Señor nos alcanza, Él nos introduce en una comunidad que es su propio cuerpo y del cual Él es el fundamento.

Somos llamados a vivir una serie de mandamientos llamados recíprocos, conocidos por la fórmula «los unos a los otros». Todos estos mandamientos solo pueden ser obedecidos cuando estamos juntos, cuando vivimos los unos con los otros. Si no hay comunidad, no podemos honrarnos (Ro 12:10), aceptarnos (Ro 15:73), soportarnos (Ef 4:2; Col 3:13), perdonarnos (Ef 4:32; Col 3:13), orar unos por otros y confesar nuestros pecados mutuamente (Stg 5:16), animarnos y exhortarnos (Heb 3:13), y tampoco amonestarnos y confrontarnos (Ro 15:14; Col 3:16; Gá 6:1–6).

Así que, no debemos pensar solamente en la esfera individual de sufrimiento, también deberíamos reflexionar sobre la esfera social: ¿estoy sirviendo a mis hermanos como debería?

¿Lo que estoy viviendo está afectando la manera como dispongo de mis dones y talentos para la edificación de la iglesia?

Otro punto, no menos importante.

¿Cómo eso ha afectado tu relación con Dios? ¿Has podido orar, leer y meditar en la palabra como lo hacia antes?

¿Sientes que Dios te ha abandonado? ¿Que no te escucha? ¿Que te está castigando por algo?

¿La manera como percibes a Dios en ese tiempo, refleja la verdad bíblica sobre quien es Dios?

Al cuidar nuestras emociones, no solo vamos a solucionar un problema personal, podremos servir a nuestro prójimo con más eficacia y también adorar a Dios con más plenitud.

Pedir ayuda no es sinónimo de debilidad, y aunque lo fuera, no hay problema, no podemos ser fuertes todo el tiempo, somos humanos débiles y limitados, vivimos en un cuerpo que habita un mundo caído, ambos afectados por el pecado.

Si te identificas con algo de esta lista y entiendes que necesitas ayuda, entra en contacto conmigo.

Si todavía estás en duda, escríbame igual y conversemos.

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