Sobre el tiempo que a veces falta

¿Conoces esa sensación de estar atrasada en la vida?

¿De querer ser productiva todo el tiempo?

¿De no gustarte esperar, de querer aprovechar el tiempo llenándolo de tantas cosas, pero aun así sentir que falta algo, que nunca es suficiente?

Ya no sabemos disfrutar el tiempo. Siempre estamos aquí, pero pensando en estar allá. Llenamos nuestro tiempo de actividades con la excusa de aprovecharlo mejor, pero al final, sentimos que nos quedamos sin tiempo.

Cuando nació mi primera hija, recuerdo haber sentido esto de una manera más intensa. Sentía que tenía mucho por hacer y una ansiedad por no quedarme atrás en la vida.

“Voy a estudiar mientras ella mama.”

“Avanzo con el trabajo mientras ella juega.”

“Reviso un poco las redes sociales mientras ella duerme…”

Todos esos pensamientos ocupaban mi mente a diario. Esa necesidad de ser productiva, mezclada con la frustración de compararme con otras mamás que aparentaban “dar cuenta de todo” mucho mejor que yo, me causaba una sensación desagradable, casi de desesperación. El tiempo nunca era suficiente, nunca alcanzaba a hacer todo lo que pretendía y, aunque pasaba todo el día haciendo algo, la sensación era que todo lo hecho era insuficiente. Estaba viviendo una vida a medias. Siento que vivimos en una cultura de la urgencia y la productividad, y las redes sociales han sido un recordatorio constante de ello.

En la psicología moderna hay una técnica cada vez más difundida llamada “mindfulness”. Sé que muchos cristianos tienen cierto prejuicio porque lo asocian con la meditación. Y sí, hay algo de verdad en eso: Jon Kabat-Zinn, un profesor de medicina y biólogo molecular estadounidense, adaptó técnicas usadas en el budismo, eliminando el componente religioso y enfocándose en los beneficios científicos y terapéuticos de la atención plena, para hacerla más aceptada en el mundo occidental.

El mindfulness, tal como lo conocemos hoy, fue desarrollado y popularizado por Jon Kabat-Zinn en la década de 1970, cuando creó el programa Reducción del Estrés Basada en la Atención Plena (MBSR, por sus siglas en inglés) en la Universidad de Massachusetts.

Pero, en pocas palabras, esta técnica es simplemente tener conciencia del presente. En una búsqueda rápida sobre sus beneficios encontrarás esta lista:

  • Reducción del estrés y la ansiedad
  • Mayor concentración y claridad mental
  • Mejor toma de decisiones
  • Mayor regulación emocional
  • Aumento de la felicidad
  • Mejor manejo de la frustración
  • Disminución de la presión arterial y el ritmo cardíaco
  • Mejora en la calidad del sueño
  • Fortalecimiento del sistema inmunológico
  • Mejores relaciones personales
  • Mayor paciencia y comprensión
  • Mejor comunicación

Se ve maravilloso, ¿no?

¿Cómo una técnica tan sencilla puede promover tantos beneficios?

Es que, al evitar que la mente divague en preocupaciones sobre el pasado o el futuro, se reduce la sensación de estrés y ansiedad. Esto disminuye la activación del sistema nervioso simpático (estrés), y menos estrés significa mejor salud general. Al aprender a enfocarnos en una tarea sin distracciones, mejoramos nuestra concentración, y al estar más conscientes, elegimos respuestas más reflexivas y menos impulsivas. Nos permite reconocer y gestionar mejor las emociones sin reprimirlas ni reaccionar de forma exagerada. También ayuda a disfrutar el presente, reduciendo la insatisfacción y la frustración. Además, mejora la calidad del sueño, porque disminuye los pensamientos intrusivos que dificultan el descanso.

Aunque esta técnica haya sido atribuida antes al budismo y ahora a la psicología, sabemos que la Palabra de Dios nos invita a esta misma práctica. Jesús mismo, en el Sermón del Monte, nos exhortó:

“No se preocupen por el día de mañana, porque el día de mañana traerá sus propias preocupaciones. ¡Ya bastante tiene cada día con su propio mal!” (Mateo 6:34)

También hay un capítulo muy conocido en la Biblia que siempre mencionamos cuando hablamos del tiempo: Eclesiastés 3, el que dice que todo tiene su tiempo determinado, que hay tiempo para esto y tiempo para aquello.

Pero no quiero hablar de esa parte del texto bíblico, sino de un versículo que viene justo después, que dice así:

“Todo lo hizo hermoso en su tiempo.” (Primera parte del versículo 11)

Entender esto es reconocer que lo que estoy viviendo hoy, Dios lo hizo apropiado para que lo viva hoy.

(Lee la ultima frase de nuevo.)

¿Lo entendiste? Yo aún estoy tratando de comprenderlo y dejar que esta verdad florezca en mi corazón, para así dejar de decir que “no tengo tiempo”.

Dios estableció un tiempo determinado para vivir cada cosa. Es decir, tienes el tiempo suficiente para vivir lo que te corresponde hoy. Te faltará tiempo para hacer aquello que no es tu responsabilidad en este momento. Así que la cuestión ya no es si tienes tiempo o no, sino entender con claridad qué es lo que Dios quiere que vivas hoy.

Entiende los procesos que estás viviendo hoy y encuentra belleza en ellos.

Y la verdad es que solo hay una manera de aprovechar bien el tiempo: pasándolo con el Dueño del tiempo, aquel que controla todas las cosas en su debido tiempo, aquel que hace todo hermoso en su tiempo.

Mis hijas pequeñas me han ayudado a recordar esto, a detenerme y simplemente estar presente en el momento. Ellas me buscan y exigen mi atención: “Ven, mamá”, “mírame, mamá”, o cuando agarran mis piernas para que las tome en brazos solo para mirarme a los ojos o abrazarme.

En esos pequeños momentos he aprendido a no sentirme atrasada ni improductiva. He entendido que es solo una sensación equivocada, que no tiene por qué ser así. He aprendido que puedo simplemente estar ahí y sonreír, porque esto es lo que estoy viviendo hoy.

Que la urgencia de nuestra cultura no nos dicte cómo debemos utilizar nuestro tiempo, sino la Palabra de Dios. Debemos retomar este principio bíblico y reaprender a vivir el presente, porque entendemos que “Éste es el día que el Señor ha hecho; y en él nos alegraremos y regocijaremos.” (Salmo 118:24)

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